jueves, 24 de diciembre de 2009

SUEÑOS PREMONITORIOS


A veces parece que los sueños nos quieren preparar sobre algún acontecimiento que va a ocurrir tarde o temprano en nuestras vidas. Son simplemente imposibles de interpretar hasta que, de lo que te quieren prevenir, sucede.

Hace una semana desperté postrada sobre las frías baldosas del salón, inmóvil y asustada…sólo dueña del control de mis ojos que entre lágrimas buscaban por toda la habitación algo, una respuesta a esa situación agónica.

Tras unos segundos logré encontrar ese algo, una figura escondida tras una capucha oscura. Por el contorno y el tamaño de su cuerpo intuí una mujer que bajo la capucha, mostraba unos rasgados y profundos ojos verdes custodiados por enormes pestañas.

Sus manos que estaban envueltas en unos guantes de cuero negro, sujetaban unas pequeñas y finas tijeras de oro. De repente, con la agilidad felina que reflejaban sus pupilas, las deslizó entre mis ropas desde el ombligo hasta acabar en el cuello dejando al descubierto todo mi abdomen. Después, lentamente y con una suavidad casi enfermiza, cambió las tijeras por un bisturí que alzó por encima de mi cara para hacerme participe de lo que a continuación iba a suceder.

Mis gritos mudos y ahogados se convirtieron en lágrimas secas, no podía llorar, no podía gritar, estaba inmóvil, ella era ahora la dueña de mi cuerpo.

Sin darme tiempo a parpadear, sentí un certero movimiento paralelo a mi cabeza que llegaba desde el esternón hasta el comienzo del pubis. La sensación fue desgarradora, las baldosas se tornaron de una escalofriante frialdad a una dolorosa calidez, comenzaron a ser tibias en mi piel, los borbotones de sangre que mi cuerpo desprendía las templaba. Supe que ese era el final, supe que en ese momento dejaría de ser yo, simplemente desaparecería, pero no sentí desazón, no sentí ni siquiera miedo, era una extraña sensación de placer, el placer que da liberarse de una gran carga, tan desmesurada que de ella, sólo puede librarte la muerte . Era una especie de liberadora pero caótica felicidad.

Ella, mi verdugo, era ahora totalmente dueña de mi cuerpo y de mi ser, yo estaba en sus manos, ella elegía, dejarme seguir mi camino o arrebatarme la vida. Supe cuál había sido su decisión cuando introdujo sus manos en mí y sin parpadear, sin vacilar, arrancó de cuajo mi corazón tras el último aliento de vida que me quedaba dentro. Me había arrebatado todo, mi presente y mi futuro.

Desperté en mi cama empapada en lágrimas, congestionada y dolorida por algo que no había sido real o por lo menos no había sido un reflejo exacto de lo que después interpreté.

“El verdugo era real, siempre había estado a mi lado con esa preciosa mirada verde, dueño hoy en día de todo mi pasado, dueño del presente arrebatado y dueño de mi futuro imaginado. Podría a ver elegido otro camino, pero eligió usurpar el mío...”

El sueño me advertia de la culminación del robo de mi vida, el verdugo ya come en mi mesa, ya duerme en mi cama, ya se ducha en mi baño...ya vive en mi casa. Y pronto tendrá a mi primer hijo.